Esto surgió como una tarea acerca de un documento llamado Aprender a aprender. Si tienen la oportunidad de leerlo es una publicación del 1999 de The Newfield network, que trata sobre la importancia del aprendizaje, sus enemigos, las condiciones necesarias en la relación maestro-aprendiz y las etapas del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Mi relación con el aprendizaje no es perfecta, caigo en varios de las trampas mencionadas en este texto, pero lo que más me ayuda a sobreponerlas es que me encanta aprender.
Los enemigos que más me afectan se relacionan con el miedo, la acción y la gestión del tiempo; mientras que los que me producen menos problemas es el reconocimiento de los maestros y su autoridad y la gravedad.
Partiendo con mis adversarios más feroces, el miedo, consciente o inconsciente, es lo que me paraliza o frena más, especialmente cuando se trata de poner en práctica aquello para lo cual me preparé, y sobre todo cuando las repercusiones de fallar se vuelven más importantes. Pero si bien "el corazón tiene razones que la razón desconoce", sí creo que la fuerza de voluntad nos permite decidir al menos dar el primer paso hacia lo desconocido. Y en cuanto a la gestión del tiempo, me es dificil darle espacio a lo importante versus lo urgente en el día a día, en muchos ámbitos.
Pasando a mis "no tan enemigos", la gravedad es el que desconcierta más, especialmente en cuanto a su lema de defensa: "la risa abunda en la boca de los tontos". Si es así, debo ser una de las personas más tontas que hay porque me encanta reír, y aprendo con más facilidad todo lo que encuentro divertido, o sea, cualquier cosa que me llame la atención. Personalmente creo que los que gustan de ocupar tal dicho es porque no pueden reír y no quieren que los demás lo hagan tampoco.
El último enmigo al que quisiera referirme es la ceguera, al que considero neutro y que menos mal que existe porque creo que colapsaría si la perdiera de un sólo golpe, sobre todo si se cree que "el conocimiento del hombre es a su ignorancia como el radio de una circunferencia es a su perímetro" (o a su superficie, da igual pues el trasfondo es que mientras el primero crece, la segunda también y siempre supera al conocimiento). Pero sí estoy de acuerdo que la ceguera tiene que ir disminuyendo gradualmente, y para ello necesitamos la ayuda de los demás. El tema es que entre más crecemos, corremos el riesgo de ser más intolerantes ante esa clase de observaciones de los demás, especialmente de nuestros padres, quienes creo tienen mucho que enseñarnos, no tanto por el hecho de que son más viejos (aunque más sabe el diablo por viejo que por diablo), sino que porque al tener carácteres similares, nos atraemos, en algún momento, conflictos similares. Y ellos siempre van a estar preocupados de nuestro bienestar, al menos mis papás sí, y mi padre siempre me dice que si yo no quiero, él no se mete en mi vida ni me importunará con consejos porque ya soy grande, pero si los necesito, siempre me dirá lo que piensa para ayudarme.
Finalmente, y como tema aparte, en el mismo texto hay un apartado sobre Sócrates, quien me gusta mucho por el método de conversar e interrogar a las personas, método que me gusta practicar (auqnue antes no sabía que a él se le atribuía) y que a algunos les resulta a veces molesto. Para los que gustan de la filosofía y les gustaría saber más sobre Sócrates y otros filósofos, si no quieren dedicarse a juntar las obras de cada autor relevante, o si prefieren tener primero una vision global de la historia de la filosofía, les recomiendo 2 libros alternativos: "El Mundo de Sofía", de Jostein Gaarder, novela filosófica para niños y adultos, o "Más Platon, menos Prozac", que se enfoca más a promocionar la filosofía para resolver nuestros conflictos en vez de los remedios fáciles.